Me piro

 

 

Ahora que retomo el blog y estoy harto de este formato de mierda, me mudo de dirección. Os espero en:

 

http://tirititandodefrio.blogspot.com

 

 

Espero vuestras visitas y me despido con un documento gráfico de primer nivel:

 

El último gramsciano (o porqué Berlusconi).

 

Una de italianos, que llevo un año aquí y no he contado nada.

 

A finales del siglo XIX, nació en Cerdeña una de las figuras centrales de la izquierda italiana, uno de los autores marxistas más reputados y, probablemente el único cuya obra aún tiene vigencia.Se trata de Antonio Gramsci y es un autor muy peculiar.

 

 

Gramsci pertenece a dos tradiciones de pensamiento que no suelen tener puntos comunes: el realismo político y el marxismo. Por decirlo de otro modo, es hijo de Marx y de Maquiavelo. ¿Por qué? Es sencillo, porque siendo un marxista convencido, el grueso de su obra está dedicada a la táctica, política en este caso. Gramsci se dedicó a lo mismo que Maquiavelo: a tratar de desentrañar las vías de acceso al poder y a la permanencia en él.

 

Es muy extensa su obra, yo la conozco de una forma bastante epidérmica, pero bastará para hacer ver cual es el problema central que se plantea: cómo los marxistas, la clase obrera, puede conseguir el poder para alcanzar la sociedad de iguales preconizada por la teoría socialista.

 

Al contrario que Marx, Gramsci no creía en el progreso lineal de la historia hacia el socialismo, sino que estaba convencido que eran la voluntad de los hombres y el poder los únicos medios para llegar a la abolición de las clases sociales.

 

Decía Gramsci que el instrumento de los marxistas debía ser la cultura entendida como pedagogía y difusión de las ideas. Había que tratar de llegar a la gente y convencerla. A ese efecto, se empeñó como fundador del Partido Comunista Italiano, en que éste tuviera un periódico en el que hacer llegar su ideario (fundó ¨L´Ordine Nuovo), así como agrupaciones de militantes activas en las que el debate y la instrucción fueran elementos centrales.

 

 

Insistió tambien en la necesidad de que los intelectuales comunistas tuvieran relevancia en las instituciones académicas y generaran conocimiento y opinión entre los alumnos, así como quiso difundir el mensaje ideológico en emisoras de radio populares.

 

Se le atribuye la siguiente cita que, si no es real, viene perfectamente a cuento y es ilustrativa de lo que trato de explicar:

 

La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados "orgánicos" infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios.

 

Es decir, que para Gramsci, era necesario generar opinión favorable al comunismo para hacer la revolución, para tomar el poder.

 

Es cierto que la figura de Gramsci gozó siempre de prestigio y su obra de numerosos lectores... pero la verdad de las cosas es que los comunistas italianos nunca le hicieron caso del todo y enfrascados en otras cuestiones que no vienen al caso, la difusión de su ideario en la sociedad no fué la mayor de sus prioridades en los años en que realmente pudieron gobernar Italia.

 

Un año antes de la muerte de Gramsci, nació en Milán un intérprete de canciones románticas, licenciado en derecho, simpático, cínico, campechano y brillante orador llamado Silvio Berlusconi.

 

El final de la crisis de los años 70, la puesta en marcha de un par de canales de televisión local, quizá alguna relación con el mundo de la mafia, y la amistad del presidente Bettino Craxi (cuyas cotas de corrupción solo superó Berlusconi), hicieron al vulgar cantante un adinerado empresario del sector audiovisual.

 

 

 

Durante años, Berlusconi fué un personaje conocido en italia: presidente de un A.C. Milan que arrasaba en la Copa de Europa, portada en revistas del corazón, una de las grandes fortunas del país y propietario de un holding audiovisual llamado Mediaset que, con las concesiones de su amigo Craxi, controlaba todas las cadenas de televisión del país.

 

La corrupción política, el descrédito de la izquierda comunista tras la caída del muro y, en fin, el divorcio entre la sociedad italiana y su clase política propiciaron un contexto franco para la entrada en política de un empresario triunfador que prometía bajar los impuestos y no meterse en la vida de la gente.

 

Pero no quitemos mérito al Cavaliere. Berlusconi comprendió como nadie antes el ideario de Gramsci: para tomar el poder, había que generar una cultura política propicia y encontró el medio que el teórico comunista no había conocido para propagarla: la televisión.

 

Con un medio tan potente como el audiovisual, Berlusconi solventaba tambien el problema del partido: mientras que Gramsci se manejaba en una estructura deliberativa, al Cavaliere le basta con pagar el sueldo de algunos periodistas y crear, en torno a sí, una asociación personalista llamada Forza Italia cuýa única razón de ser es llegar al gobierno de Italia.

 

 

Berlusconi sustituyó así el partido político y la ideología por sus empresas y el desencanto político dando lugar a un fenómeno de populismo perfecto: la relación directa entre el pueblo (a este punto dejan de merecer la consideración de ciudadanos) y su lider, sin la mediación de estructuras partidarias o instituciones de gobierno.

 

Supongo que la teoría del poder cultural de Gramsci, llevada a la práctica en la televisión y no en pasquines y folletos, por il Cavaliere, es una de las claves para comprender qué pinta ese señor mandando en el país más civilizado que conozco. Aunque yo aquí no entiendo nada...

 

Dicen los seguidores del A.C, Milan, que il Milan non si discute, si ama... pues eso me pasa a mí con Italia.

Dignidad

 

Hay quien dice que la derrota dignifica a los hombres, que un hombre derrotado, un perdedor que encaja bien los golpes representa todo cuanto hace que nuestra historia, personal y colectiva, valga la pena. Dicho (escrito) así, parece una chorrada, pero pensad en El tercer hombre, tanto en la película de Carol Reed como en el relato de Graham Green. Podéis llamarme frívolo, pero no negar que estéticamente no hay en el mundo imagen más digna que la de Cottens viendo pasar lo mejor de su vida en Alida Valli sin desencajar una sola facción.

 

 

Sospecho que ante lo trájico del momento, un hombre como aquél, optó por lo más inteligente y miró el culo de Valli durante toda su larga caminata.


Pero no es el tema que nos ocupa.

 

Frente al esteticismo, algunos piensan que lo que realmente redime una vida tiene poco que ver con una pose de perdedor y mucho más con lo que se hace, con la obra que uno lega, con su valor y con el compromiso que adquiere consigo mismo y con los demás.

 

Hoy hace exactamente cien años que, en la ciudad costera de Valparaiso, nacía Salvador Allende, el hombre que gobernó Chile durante poco menos de cuatro años y cuyo recuerdo permanece imborrable en la memoria colectiva de la izquierda.

 

Nunca tuvo fácil Allende lanzar su carrera política, de hecho, cuando alcanzó la presidencia de su país en 1970, hacía más de veinte años que recorría el país en tren, parando en cada estación a explicar con su carisma grandilocuente, las bondades del socialismo a quien las quisiera escuchar, que en una sociedad con un tejido industrial inexistente, no fueron otros que campesinos, analfabetos, desharrapados e indios las más de las veces.

 

Durante veinte años un tren y Allende recorrieron Chile de punta a punta, en eterna campaña, tratando de encender el fervor de los de abajo con el slogan "A todo vapor con Salvador"... y lo consigiueron.

 

 

Un país carente de, en palabros marxistas, condiciones objetivas para el desarrollo revolucionario, se exhaltó con la pedagogía y las promesas de Allende y la Unión Popular dando lugar al único proceso histórico de cambio social en el que se han aunado los conceptos de revolución, socialismo y democracia.

 

La estatalización de sectores clave de la economía, la puesta en marcha de la llamada reforma agraria, el incremento de ingresos de todos los asalariados o la modificación constitucional para la creación de una única cámara, fueron algunas de las medidas que el gobierno de Allende proyectó y no pudo concluir en su gran mayoría. Su figura política se agiganta a la luz de discursos como el pronunciado en la sede de la ONU donde alertaba del riesgo de que la proliferación de grandes empresas transnacionales mermaran la calidad de las democracias y el poder de los gobiernos (os suena, ¿no?).

 

 

Ni los poderes económicos chilenos, ni el poder político americano podían permitirse el lujo de dejar a la Unión Popular permanecer en el gobierno: los primeros perdían dinero, los segundos control geopolítico sobre América Latina. Y comenzó, en 1972, el movimiento que terminaría con el gobierno de Allende con varias huelgas sectoriales y un interminable paro en los transportes que generó una crisis insostenible.

 

En esas condiciones y, parece probado que con financiación de la CIA, el ejército chileno encabezado por el general Pinochet se decidió a "poner orden" en la situación perpetrando, el día 11 de septiembre de 1973, un golpe de estado y cercando y bombardeando el Palacio de La Moneda (aun hoy palacio presidencial chileno).

 

 

A Allende, el cerco y el bombardeo de La Moneda le pilló dentro, y se negó a largarse a pesar de que le habían ofrecido una salida segura del país. Con todos los medios de comunicación cerrados por los golpistas, Allende pronunció un último discurso a través de Radio Magallanes a las 9:30 de esa mañana (http://es.wikisource.org/wiki/%C3%9Altima_alocuci%C3%B3n_de_Salvador_Allende) y, poco después, habiendo hecho salir del palacio a quienes allí quedaban, se descerrajó un tiro con una escopeta que puso a fin a su vida.

 

A las 18:00, se informó desde La Moneda que la Junta Militar había constituido un gobierno con el fin de encauzar la situación del país, poniendo fin a la revolución pacífica y democrática en Chile pocas horas después de haberla descabezado.

 

He intentado explicar la dignidad de la carrera política de Allende, también la dignidad que emana de todo cuanto rodea a su muerte y a su mítico discurso, la imagen del mártir que transmite esperanza sabiendo que, minutos después, se va a suicidar.

 

Lo que no soy capaz de explicar es por qué me fascina tanto su figura, si por lo que hizo o por cómo lo hizo.

 

Quizá me fascina la dignidad del héroe...

La mano del muerto

 

 

Leo cada domingo a Javier Marías con la misma (quizá más) devoción que los católicos van a la iglesia a escuchar misa y comulgar. Hoy en el colorines de El País, nos regala la siguiente historia:

 

Quienes hayan visto Deadwood, una de las mejores series recientes de televisión (casi a la altura de Los Soprano, El Ala Oeste de la Casa Blanca y Hermanos de sangre), sabrán cómo, el 2 de agosto de 1876, murió el legendario Wild Bill Hickok, que yace enterrado en esa pequeña ciudad de South Dakota, lo mismo que su acompañante Calamity Jane. Tenía treinta y nueve años, que si hoy parecen pocos, en el Oeste de la época lo convertían, si no en un viejo, sí en un veterano superviviente. Su verdadero nombre era James Butler Hickok, y aunque estuvo del lado de la ley en sitios como Hays y Abilene, también se ganó una reputación considerable como pistolero y tahúr: un hombre de gatillo fácil, o más bien de gatillos, pues, como recordé el domingo pasado, se lo representa siempre con dos pistolas y se dice que era igual de rápido con las dos manos. Aquella tarde, en Deadwood, estaba jugando a las cartas en el saloon de Nuttall and Mann cuando un individuo llamado Jack McCall lo vio, se le acercó por la espalda y le pegó un tiro en la nuca, sin darle oportunidad ni de levantarse de la mesa. McCall adujo que Hickok había matado a su hermano en Abilene, años atrás, pero pronto se descubrió que el asesino no había tenido ningún hermano, lo cual no fue impedimento, extrañamente, para que se lo declarara inocente en el juicio que se celebró allí mismo. Se le hizo justicia algo más tarde, pero esa es otra historia, y me llama más la atención la del fantasma que se vengó de Wild Bill en Abilene.

 

 

La he conocido gracias a Nancy Roberts, autora de la que sólo sé que nació en 1924 y que es una de las mayores estudiosas del folklore fantástico americano, y se encuentra en su libro Ghosts of the Wild West. Hickok fue contratado como marshal de esa población de Kansas cuando era un lugar tan salvaje que ya se había llevado por delante a su predecesor, Tom Smith, pese a no haber hecho éste mal trabajo, y nadie quería heredar su puesto. Los vaqueros disparaban a los carteles de “Se prohíbe disparar” y, cuando se intentó erigir una cárcel, la demolieron. Esa clase de sitio. Hickok imponía miedo, con su fama y con su porte, y obtuvo algunos logros que le crearon más enemigos. No menos de ocho se presentaron en Abilene con la sola intención de cargárselo, y a siete de ellos les quitó sus armas antes de que pudieran emplearlas contra él. Pero no al octavo. Una noche salió del saloon The Alamo y estaba ya cerca del Merchant’s Hotel cuando vio a un hombre salir de las sombras y llevarse la mano a su funda. Wild Bill era más rápido que casi todos, así que desenfundó al instante y su rival cayó abatido. Pero antes de morir éste alzó la cabeza y le dijo: “Wild Bill, ya me las pagarás”. Nadie sabía quién era, así que se lo enterró en Boot Hill en una tumba sin nombre.

 

A la noche siguiente, Hickok hizo el mismo recorrido, y, cerca ya del hotel, vio a otro pistolero salir de las sombras y tuvo la sensación de que aquello ya había ocurrido, porque el hombre se parecía al de la víspera y buscó su revólver con el mismo ademán. La sensación de déjà vu o vécu hizo que Hickok dudara y fuera menos veloz que de costumbre. Así que creyó que esta vez le tocaría caer a él, pero sorprendentemente, a pesar de su lentitud, sólo oyó el estruendo de sus dos armas, y no el de la que lo amenazaba. Y aún le sorprendió más ver que no sólo él seguía en pie contra todo pronóstico, sino también su enemigo. ¿Cómo podía no haberle dado? Entonces la figura empezó a desaparecer por los pies, y luego se deshizo entera como si fuera humo. Hickok fue a beberse un whisky y no se lo contó a nadie.

A la noche siguiente un individuo que se la tenía jurada, el tahúr Phil Coe, se presentó ante el saloon con sus secuaces y abrió fuego en la calle. Hickok salió a ver qué sucedía y Phil Coe lo desafió. “Me he cargado a un perro”, le dijo. “Si ahora quieres mi pistola, ven por ella”, y la desenfundó. Hickok sacó las dos suyas y disparó, alcanzándolo mortalmente en el estómago. Pero en aquel mismo instante vio a una figura surgir de las sombras, la mano sobre el revólver. No se arriesgó a ser lento esta vez y le disparó, seguro de estar ante el mismo hombre por tercera noche consecutiva. En esta ocasión, sin embargo, éste no siguió en pie ni se desvaneció en el aire a continuación, sino que se desplomó. No era su fantasma particular, sino su ayudante y amigo Mike Williams, que acudía en su apoyo.

 

Cuenta Nancy Roberts que Hickok fue por un párroco para que atendiera al tahúr agonizante, y luego recogió con tristeza el cuerpo de su amigo. Mandó dinero a la madre para que pudiera desplazarse a Abilene, compró un buen ataúd y corrió con los gastos del envío del cadáver a Kansas City, de donde era originario Williams, aquel amigo a través del cual se vengó el pistolero sin nombre que él había matado dos noches atrás y que le había jurado que se las pagaría. Poco después de aquel trágico e inexplicable error, las fuerzas vivas de Abilene le pidieron a Hickok que devolviera la placa y siguiera su camino. Lo que no cuenta Nancy Roberts es lo que se me ocurrió pensar nada más acabar su relato: que acaso aquel fantasma fuera el hermano que nunca tuvo el asesino de Hickok, y que, lo mismo que éste lo vio y le disparó la segunda noche, cerca del Merchant’s Hotel, tal vez Jack McCall también lo llevara viendo su vida entera, desde su infancia en común.

 

 

Se le olvida contar a Marías, que cuando McCall le descerrajó a Wild Bill el tiro en la nuca en mitad de una timba de póker, el sheriff de Deadwood llevaba en la mano dobles parejas de ases y ochos.

 

Una recomendación: si en una partida con abundante dinero en la mesa os encontrais con esas dobles parejas, mirad detrás, tapaos el cogote y pronunciad solo dos palabras: "No voy".

 

Llevais la mano del muerto.

 

Yo no jugaría a algo tan azaroso como el póker con una combinación de cartas a la que se ha dado en llamar "mano del muerto" porque la llevaba el tipo más duro del oeste cuando le mató el hermano de un fantasma.

 

TDAH


Volvemos a los expertos...

 

 

Hoy dos expertos han hablado en la SER del síndrome de hiperactividad y del déficit de atención infantil, lo que se ha dado en llamar TDAH. Yo no tenía demasiada idea de en qué consistían estos "trastornos", pero un psicopedagogo y un psiquiatra se han encargado de explicarlo: se trata de niños despistados, que no están motivados en el colegio y no son capaces de focalizar su atención en una sola cosa a la vez.

 

Los síntomas son fáciles de diagnosticar: el niño no apunta sus cosas en una agenda, tiene el cuarto desordenado, olvida con frecuencia las cosas, pierde objetos y suceden algunas cosas más por el estilo.

 

Yo toda la vida había pensado que esta sintomatología respondía a una sola causa: la infancia. Los niños son despistados, irresponsables, desorganizados y un poquito (o un bastante) cabrones. Parece ser que no, que esto es una anomalía grave que padecen muchos infantes y para la que los padres deben poner medios de forma urgente.


La canción Esos locos bajitos ha perdido todo su valor poético. Ya no es una metáfora lo de los locos: el niño que jode con la pelota, dice lo que no se dice y toca lo que no se toca, será convenientemente internado en colegios especiales.

 

Me temo que estos señores no han valorado bien el impacto que puede tener en el crío el diagnóstico de este tipo de trastornos.

 

 

Ellos, que son muy guays y muy comprensivos, normalizan el asunto y dicen que "basta con una medicación y una mayor atención de los padres" y exigen de las administraciones "la creación de colegios especiales" orientados a tratar niños con estos síntomas. Así de sencillo.

 

¿No entienden que un niño con tratamiento psiquiátrico, sobreatención de sus padres y recluido en un gueto es un niño estigmatizado? ¿No entienden que los síntomas que describen son comunes a la mayor parte de los niños? ¿No saben, los señores expertos, las reacciones que dicha estigmatización provocará en el entorno del niño?

 

El simple hecho de conocer el supuesto trastorno, alterará completamente las relaciones sociales del crío. Pero esto no lo valoran los brillantes orientadores y loqueros infantiles.

 

 

Lo que nadie se cuestiona es la influencia de la Play Station, el ordenador, la tele y el resto de artefactos electrónicos en los que cotidianamente se dejan las pestañas y las neuronas los chavales, tampoco los horarios laborales que no permiten a los padres hacerse cargo de ellos. Un diagnóstico a tiempo y un cole especial bastan, lo otro cuesta más dinero y no estamos para tirarlo.

 

Fumadores, gordos, bebedores y niños cabrones lo tienen cada vez más jodido, más cuesta arriba en nuestros días. Los listillos os (nos) lo van a poner cada vez más crudo, amigos.

Moussaka sin horno

 

Como la idea de comerse a los que no tienen casa (ver dos posts más abajo) no ha hecho fortuna, os propongo otro plato sin incurrir en la antropofagia.

 

Si tienes horno, este plato es una gilipollez, porque la Moussaka es deliciosa tal y como Dios (o Alá) la trajo al mundo: preparada en horno y bien gratinada. Si no lo tienes y te gusta la berenjena, este es un buen plato inventado por servidor (creo), como plato único.

 

 

http://comoelagua.blogspot.es/img/moussaka.jpg

 

 

 

Ingredientes para 4 personas (os pongo lo que nos comemos María y yo por dos):

 

- dos berenjenas hermosas.

 

- 500 gramos de carne picada (de ternera, que en Turquía lo del cerdo no se lleva).

 

- 1/2 litro de tomate frito (compradlo bueno, ya que no lo hacemos natural).

 

- 3 cebollas.

 

- 4 zanahorias grandes, 8 pequeñas o 6 medianas.

 

- Un par de dientes de ajo sin pelar.

 

- Un chorrito (pequeño) de vino tinto.

 

- Queso parmesano.

 

- Sal, pimienta, guindilla.

 

Preparación:

 

En el perolo (cazuela, olla o lo que tengais a mano) donde vayas a preparar el sofrito echad, en un chorrito de aceite (en frío y así controlais que no se quemen los ajos), los dos dientes de ajo sin pelar pero rotos (darles un golpe con algo por medio es una buena forma de romperlos, yo pongo el plano del cuchillo y le doy un golpe, como el Arguiñano). Cuando el aceite esté caliente y los ajos dorados, los retiramos y ponemos al fuego la carne picada hasta que no quede nada rojo. La retiramos y procuramos mantenerla caliente.

 

 

 

A este punto, cortamos 8 rodajas con un grosor de un centímetro (filetes) de la parte central de las berenjenas y picamos el resto en daditos.

 

En el mismo aceite (con el jugo de la carne) y con el fuego bajo, sofreimos la cebolla y la zanahoria muy picadas hasta que queden blandas, entonces añadimos los daditos de berenjena. Dos o tres minutos después, agregamos un poquito de vino tinto (poco, cuando he echado más de un chorrito, el plato ha quedado mal) y dejamos evaporar el alcohol (unos 15 minutos).

 

Con el sofrito hecho y el fuego siempre muy lento, agregamos la carne picada y 15 minutos después el tomate frito, agregamos dos pizcas de sal (sin pasarse, que es vasoconstrictora, es decir, muy malita para el organismo), tres o cuatro guindillas (o doscientas si os gusta el picante) y algo de pimienta negra molida. Quedará parecido a un pisto.

 

 

Y lo dejamos con el fuegito lento hacer "chup, chup" y dar olorcito un buen rato. Lo ideal es hacerlo el día antes de comerlo.

 

Ahora preparamos las rodajas de berenjena que habíamos cortado al principio en la plancha sin aceite (le echamos una gota por encima cuando ya está en el fuego) y con poca sal y rallamos el parmesano.

 

El plato se monta fácil: servimos la berenjena a la plancha y le colocamos una capa de pisto (poquito) y una de parmesano, otra capa del pisto y otra vez parmesano.

 

El queso debe derretirse un poco y ya estamos listos para comerlo.

 

Sabed que hay una disputa terrible entre griegos y turcos (una más) por la autoría de muchos platos, de los que los más internacionales son el kebab y la moussaka. Si no acompañais el plato de abundante pan para mojar, es probable que los comensales os lleguen a odiar tanto como se odian griegos y turcos, y montaros un pollo como el de la batalla de Dumlupinar o la de Galípoli en la Guerra de Independencia de Grecia:

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Greco-Turca

 

 

¿El vino? Yo con esto prefiero una cervecita, pero un tinto suave tambien va bien.



P.D. La foto de arriba del todo, es de mis berenjenas, como la de las migas, que luego andais preguntando todos.


Cuando el plato es negro, que son los de casa, es que lo he hecho yo (o María, cuando se prodiga).

 

Conceptos tramposos: Tolerancia.

 



Le copio una idea al flog de Irene: http://www.fotolog.com/i_desdemisojos. Ella, que hace fotos increibles, está haciendo un diccionario al que llama "Escribir con luz": consiste en coger una palabra y meter una foto relacionada. Algunas gustarán más y otras menos, pero a mí me parece muy lírico, las fotos de esta chica, a veces, tienen algo de magia. Lo que escribe después me sobra, me basta con la imagen... pero es su flog y está en su derecho de hacer lo que le plazca. Mientras siga colgando esas fotos.

 

Yo no voy a hacer un diccionario lírico, solo copio la idea y me propongo hacer una serie que desmienta algunos conceptos sacralizados por los progres y que son, en realidad, retrógrados.

 

La tolerancia es uno de los valores en los que fuí educado en mi colegio. Todos mis profesores, progres y librepensadores ellos, consideraban que el concepto de tolerancia colmaba todo requerimiento que la sociedad podía tener hacia nosotros, los progres del futuro.

 

 

Tolerancia era para ellos, y es en el imaginario colectivo, antónimo de racismo, sexismo, xenofobia, etc... Alertaban de que el miedo a lo desconocido genera rechazo que mal canalizado, deriva en comportamientos intolerantes. La tolerancia se perfilaba, por tanto, como un valor en alza que resulta de vital importancia para comprender cómo se han afrontado los cambios sociales desde mi pubertad (mediados de los noventa) hasta hoy en términos de inmigración.


La tolerancia es, para los progres, una virtud del individuo y la sociedad. Pues bien, comparto en algo la primera noción: es bueno que, como individuos, seamos tolerantes, en cierta medida, con comportamientos u opiniones que no compartimos. Pero hasta ahí, el resto es pura patraña.

 

Los supuestos en que el individuo debe ser tolerante no se cumplen para la sociedad: la sociedad no está de acuerdo o en desacuerdo con ninguna actitud u opinión. La sociedad sanciona los delitos a través de las autoridades de que se dota y de la ley. Punto pelota, todo cuanto no está fuera de la ley, está permitido y ninguna sociedad (organizada en Estado, claro) se permite el juicio a lo que está dentro de las normas.

 

 

Pero va más allá: para los progres, la tolerancia es un valor que la sociedad debe aplicar con los diferentes: homosexuales, miembros de religiones minoritarias, de razas minoritarias, etc...

 

¿Por qué me niego a ser tolerante con ellos?

 

Por la sencilla razón de que la sociedad no debe tener trato distinto con ellos que con cualquier otro de sus miembros: bastaría con reconocer sus derechos, garantizarlos, y marcar sus obligaciones y limitaciones en el marco de la ley. Nada más (y nada menos, claro).

 

Ser tolerantes con las minorías, con los diferentes, implica considerarles raros, patologías de la sociedad con las que debemos ser condescendientes. Muy lejos de considerarlos iguales al resto de la única manera en que la igualdad puede manifestarse en la sociedad: siendo iguales en derechos, deberes, obligaciones y oportunidades.

 

 

El concepto de tolerancia no es aplicable sino a quien se considera necesitado de compasión, de caridad, es decir, que parte de presupuestos que sí son xenófobos y sexistas, pero propone una actitud cristiana, monjil en realidad, para con ellos: la de protegerles bajo el amplio manto de una civilización superior, en el caso de los inmigrantes (de aquí deriva el tema de la integración, con más aristas, pero igual de tramposo). Quinientos años después de Hernán Cortés, seguimos pretendiendo evangelizar al diferente.


Hoy las sociedades europeas tratan la llegada de inmigrantes a sus fronteras, en la mayoría de los casos, con tolerancia entendida en los términos expuestos. ¿Pero qué sucede cuando el proceso de inclusión en la comunidad a través de la tolerancia, de la caridad, no da el resultado de una asimilación de nuestros valores, del todo ajenos a muchos de quienes vienen a nuestros países?


Para los progres la respuesta es la misma que para los cristianos: quien no se convierte a la fé debe ser expulsado de la comunidad como respuesta a su inadaptación toda vez que nos hemos esforzado en integrarle.


Porque la tolerancia, que es un concepto médico que explica la capacidad del organismo de recibir una cierta sustancia o estímulo extraño, tiene un límite. En este caso, la no interiorización  de los principios del lugar al que se llega.


Curiosa la moral cínica que algunos emplean sin siquiera plantearse que lo hacen: inventan un concepto contra la discriminación que parte de concepciones idénticas a las que explican la exclusión del diferente.


Os dejo un artículo en que el profesor Manuel Delgado, ese antropólogo que habla en la SER y que tiene una pose insoportable de incomprendido permanente, explica esto de forma brillante. De hecho, os recomiendo que paseis de mi post y leais solo esto (total, la visita ya me la habeis hecho):

 

http://antropologia.umh.es/Peri%C3%B3dicos/Contra%20la%20intolerancia.pdf

 

 

 

Ed Murrow y Don Hollenbeck




En los dos debates electorales, el presidente Rodríguez Zapatero dedicó sendos guiños a la prensa libre y a una cierta izquierda "cultural", finalizando sus intervenciones con el buenas noches y buena suerte que ya todos conocemos.

 

Vi hace pocos meses la película Buenas noches y buena suerte. Resulta complicado traer libros a Italia por el desmedido precio que cobran las aerolíneas por cada kilo de sobrepeso, comprarlos es una utopía para una "economía erasmus" dado que aquí son aun más caros que en España y nunca he frecuentado otra biblioteca que no sea la de mi facultad (mi casa de Madrid está llena de libros y mi padre suele acertar con las recomendaiciones, así que nunca he tenido la necesidad de ir a la biblioteca a buscar lecturas). Dadas las circunstancias adversas a la lectura, he decidido dedicar más tiempo a ver cine con la impagable ayuda del eMule.

 

La película es buena, relata la época de forma brillante y la historia es de esas que me fascinan: una lucha por la libertad en el siglo XX, así que tras verla decidí investigar un poco, no tanto sobre la "caza de brujas" sino sobre los periodistas que derribaron a su instigador, el senador republicano McCarthy.

 

En casi todos los medios que he consultado, se atribuye la caida de McCarthy al ciclo de reportajes que el equipo de See it now (una especie de Informe semanal en los EEUU de los años 50) con Edward Murrow a la cabeza produjo para la CBS. Tuve ocasión de ver algunos vídeos del programa y me pareció brillante. La producción es casi minimalista: un presentador que habla sentado en un sillón y da paso a algunos vídeos con reportajes y testimonios, para despúes fijar una línea editorial a modo de conclusión. Éste tipo de programas dependen en gran medida de su presentador y Murrow da la talla.



 

Es un tipo desgarbado, flaco y con una elegancia natural que enamora a la cámara y a quienes están tras la pantalla al momento. Fuma constantemente y lo hace con el estilo de Bogart, con chulería. La nicotina le da a su voz un timbre grave, es parco en palabras y solo utiliza adjetivos en caso de necesidad extrema, huyendo del calificativo como del diablo. El tipo tiene carisma y es difícil no quedarse pillado de la voz cascada y la mano que sostiene el cigarro por encima del hombro.

 

El carisma viene en este caso avalado por una impecable trayectoria profesional y la credibilidad que le confiere el haber sido la voz de la CBS desde Londres en la II Guerra Mundial. Lo cierto es que Murrow no se embarcó nunca con los soldados, rara vez vió una trinchera sino para un reportaje televisivo y sus crónicas radiofónicas solían llegar desde algún lujoso hotel londinense de esos en los que entabló amistad con algunos intelectuales británicos de la época al cobijo del mejor whisky escocés. Entre ellos, Harold Laski, voz del marxismo en el Partido Laborista inglés que le dedicó sus Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. A pesar de la insistencia del senador McCarthy, la relación entre Laski y Murrow nunca pasó del terreno personal y de la admiración que a Laski le provocaba la actividad periodística de Murrow.

 

A la sombra del carismático Murrow, Don Hollenbeck presentaba la emisión que seguía a "See it now" en la antena de la CBS, CBS view the press, un informativo que comentaba lo más reseñable del día en la prolífica prensa americana de mediados de los años 50.

 

Mucho menos recordado que su colega y amigo, de Hollenbeck quedan pocos relatos. Por los que he encontrado, lo imagino bien distinto: un tipo gordo, sudoroso, bebedor, putero y charlatán, vital y alegre, lo imagino correteando entre las mesas de la redacción para contar un nuevo chiste con voz chirriante y desperdigando saliva. La película le hace un retrato verdaderamente amable, al lado de las fotografías y descripciones que conozco.



 

Hollenbeck había sido reportero en la II Guerra Mundial. La NBC le envió a Londres como corresponsal, donde entabló amistad con Murrow, pero no aguantó allí demasiado tiempo. Era un tipo inquieto y quiso vivir el conflicto de cerca, por lo que se trasladó a Argel para seguir la batalla del desierto. Allí, consiguió embarcarse con el batallón británico que desembarcaría en Salerno para comenzar la liberación de Italia, pero no pudo narrar demasiado. Al poco tiempo tuvo que volver a Estados Unidos enfermo de malaria, ictericia y algunas venéreas que agarró en juergas por burdeles de mala muerte acompañado de soldados.

 

Se cuenta que, tras la emisión del primer reportaje de See it now denunciando la caza de brujas de McCarthy, Hollenbeck se solidarizó con su colega Murrow. Lo que está bastante menos difundido es que CBS view the press ya hacía varios meses que denunciaba abusos de poder y violaciones de derechos constitucionales en las investigaciones sobre la relación con comunistas de algunos artistas como Elia Kazan (delator de muchos de ellos).



 

Como a Murrow con Laski, a Hollenbeck le buscaron las cosquillas. No fué McCarthy, sino el periodista Jack O´Brian quien le dedica editoriales e investiga todas sus actividades durante la guerra y los años 40. Al no gozar del prestigio de su colega, las diatribas contra la CBS se centraron en Hollenbeck de forma más dura a medida que iban descubriendo sus colaboraciones en Picture Magazine, una revista filocomunista en la que el peridista había compartido páginas con Ernest Hemingway en los primeros años de la guerra.

 

Así como Murrow no pasó del contacto personal con Laski, Hollenbeck sí se implicó en la lucha contra el fascismo en los años 40. Nunca fué un comunista, pero asumía que estos eran parte fundamental de su mismo bando y colaboró con ellos cuanto pudo con sentido del compañerismo.

 

See it now dió la puntilla a un McCarthy que ya había sufrido una reprobación del Senado de los Estados Unidos y desenmascaró muchas de las injusticias que el senador había cometido en nombre de la seguridad nacional, pero Hollenbeck había atacado a McCarthy meses antes, cuando era todopoderoso. Y lo pagó caro. Llegó un momento, en la guerra abierta entre la CBS y los macartistas, en que Hollenbeck era quien recibía todos los golpes por sus pasadas relaciones con el mundo comunista, especialmente de O´Brian y su periódico, el New York Journal American . Su reputación cayó en picado, su mujer le pidió el divorcio ante el escándalo de estar casada con un comunista y, cuando acudió a su amigo Murrow para pedirle una campaña contra O´Brien y quienes le denostaban, este no pudo ayudarle. Una guerra con McCarthy era suficiente, en ese momento, ni él ni la CBS podían permitirse abrir otro frente.

 

El 22 de junio de 1954, Don Hollenbeck apareció muerto en su casa por inanhalación de gas. No llegó a tiempo para ver el triunfo de la CBS sobre la caza de brujas. Era un tipo inestable y ciclotímico, a menudo la alegría de zascandil con que se relacionaba socialmente venía acompañada de solitarias curdas y depresiones. La presión mediática, el cerco en torno a él, fue demasiado y se suicidó.

 

Cuando en 1967 Murrow recibió un Grammy por su labor perodística, en medio del reconocimiento general a su labor y a la defensa de las libertades civiles en los Estados Unidos, recordó a Hollenbeck. Lo hizo con las palabras justas, medidas, como siempre lo había hecho. Recordó a su colega como un hombre libre, comprometido y muerto.



Migas con morcilla, huevo frito en agua y amigos.


 


Una receta... a ver si me contratan como chef en algún restaurante.

 

La receta es de mi abuela, son unas migas manchegas (de la Membrilla) retocadas un poquito para tirarme el rollo con lo de los huevos fritos en agua...

 

Ingredientes para 5 personas (hoy han sido Lucio, Irene, María, María y servidor):

 

- 2 barras de pan "candeal" (compradas dos días antes)

- 150 gramos de panceta

- 150 gramos de chorizo

- 1 morcilla de Burgos (de arroz, vaya)

- mejor 4 dientes de ajo que dos (consejo de mi abuela)

- un chorrito de aceite de oliva

- una pizca de pimentón dulce

- sal

- 5 huevos (uno por comensal)

- un racimo de uvas.

 




Preparación:

 

Se trata de un plato de largo recorrido. Tanto prepararlo como comerlo haciéndole justicia requiere de bastante tiempo, dependerá de las ganas de sobremesa de los amigos, pero puede tomar todo el día, así que es un perfecto plato de domingo.

 

A media mañana para los madrugadores y recién levantado el perezoso, hay que desmigar el pan candeal. La tradición dice que al cuchillo... yo prefiero las manos y a pellizcos no demasiado pequeños. Pellizcadas las migas, las remojaremos con menos de medio vaso de agua templada que verteremos por encima a poquitos vigilando que no se haga una pasta con las migas que, sacrificadamente, hemos desmigado. Una vez terminada la pesada tarea, prepararemos café y tostaremos los culos del pan.

 

Tras tomarnos el café y las tostadas con un chorrito de aceite de oliva y sal (el 10 nos lo daría un tomate natural pasado por la batidora), y en caso de que no preveamos demasiada generosidad por parte de nuestros invitados (hoy María nos trajo un chianti y no hay quejas), saldremos a comprar un vino tinto con cuerpo que adornará las migas. El chianti se achica un poco con las migas, asi que enfatizo lo del cuerpo del vino.

 

Media hora antes de que los amigos lleguen, tendremos cortada en dados pequeños la panceta y el chorizo, en rodajas la morcilla y en cuartos los dientes de ajo grandes (a la mitad los pequeños). La preparación lleva algo más de tiempo, pero ellos tambien se retrasarán.

 

Doraremos el ajo en una sartén grande a fuego medio (más bien lento) con un chorro cortito de aceite de oliva (pasarse puede significar un plato excesivamente grasiento y de complicada digestión) y al comenzar a ponerse marrón, agregaremos la panceta y el chorizo.

 

El punto en que la panceta comienza a dorarse nos avisará de la urgencia en llevar los pellizcos de pan, aún no migas, a la sartén. Prepararemos al lado otra sartén en la que freiremos la morcilla, poco enharinada, que conviene reservar no sin haber probado con algo de pan y, lujo del cocinero, un botellín de cerveza.

 

Cuando las migas queden doradas (con el color de la foto), salaremos y agregaremos una pizca de pimentón a la preparación. Ya con el fuego apagado, también la morcilla que la gula del cocinero haya dejado indemne.

 

http://comoelagua.blogspot.es/img/migas.jpg 

 

Es probable que a este punto suene el timbre anunciando la llegada de los invitados a los que despacharemos con algo del chorizo sobrante y, los más previsores, una segunda morcilla.

 

Con nuestros amigos charlando en torno al aperitivo, sacrificios del cocinero, prepararemos los huevos fritos en agua del siguiente modo: llenaremos a la mitad una cacerola pequeña con agua y un chorritín de vinagre (que evitará la total dipersión del huevo). Al hervir el agua, partiremos los huevos uno a uno y los introduciremos como si de freirlo se tratara. Con una espumadera, evitaremos que se pegue a la cacerola y lo sacaremos en medio minuto (cuando la clara no se deshaga) con enorme cuidado de no romper la yema. Parte de la clara se separará del huevo nadando entre las aguas de la cacerola.... la sacamos y la tiramos.

 

Los huevos fritos en agua son un invento, sabed que si el PSOE gana las elecciones debeis pagar a la SGAE un cánon por cada huevo comprado. Los cocineis de esta manera o de cualquier otra, os vereis obligados a remunerarme por mi aportación. Nah, es broma, pero con los CD´s sí que lo hacen.... se llama "canon digital" y es una de las formas de estafa más sofisticadas que conozco.

 

En fin, que serviremos un huevo por comensal, un par de rodajas de morcilla y una buena cucharada de migas, cuidándonos siempre de dejar algo en la sartén para, terminada la morcilla y los huevos, servir un poquito más y comerlo con uvas.

 

Prolongad la sobremesa y bebed copas. Quizá empeore vuestra salud, pero os reireis y sereis más felices. Yo hoy lo he sido.

 

La progre y el messenger.

Escuché hace poco a una profesora universitaria, de Filología, exponer una peculiar postura sobre los nuevos "lenguajes" que manejan, manejamos, especialmente los jóvenes en los mensajes de móvil y en internet, especialmente por el messenger.

 

Decía la experta que oponerse al uso de contracciones del tipo "kdams mñana a ls 9 n l plz" (quedamos mañana a las nueve en la plaza), faltas ortografía deliberadas para abreviar en SMS´s tales como "stub ayr kn la Yesy n l plz la pya ablams mazo d to" (estuve ayer con mi amiga Jessica en la plaza y fué la polla, porque hablamos mucho de todo), o el uso de emoticonos (http://comoelagua.blogspot.es/admin/archivos/smile.gif , http://comoelagua.blogspot.es/admin/archivos/mad.gif , http://comoelagua.blogspot.es/admin/archivos/biggrin.gif ) para expresar con una imagen lo que con palabras resulta complicado; es una postura poco progresista, porque supone oponerse a la evolución de un cierto lenguaje y que el objetivo de la lengua es la comunicación, y se cumple en el caso de los SMS y el mesenger. Añadió además, que emplear el lenguaje de esta forma en "contextos determinados" es "perfectamente compatible con la lectura y el disfrute de García-Márquez o Benedetti".

 

Al escuchar a la señora, pensé lo mismo que declaró Alfonso Guerra respecto de los analistas de sondeos electorales: "yo de esto no tengo ni idea, pero al escuhar a algunos expertos me siento un sabio".

 

Dudo seriamente que la afrmación de la señora experta al considerar que "la función del lenguaje como instrumento de comunicación se cumple" no sea una solemne estupidez. La función comunicativa se cumple a duras penas, se degrada el lenguaje y, lo que es más preocupante, se deterioran las relaciones humanas por no emplear la herramienta adecuada para hacer llegar al otro el mensaje deseado con la profundidad y la matización debida.



 

Pero ni siquiera considero que sea este, siendo inmenso, el peor daño que el sublenguaje de los móviles y el messenger hace. Lo que la señora experta desconoce, al parecer, es que el lenguaje no es solo herramienta de comunicación, sino que es también el instrumento que empleamos para pensar. Pensamos en la lengua que hablamos, por lo que un mejor conocimiento y uso del lenguaje no solo nos permite expresarnos  mejor, entender mejor cuanto leemos y escuchamos y, por tanto, relacionarnos socialmente mejor; sino que manejar la lengua mejor nos hace tambien más inteligentes. Pensamos mejor cuanto más profundo es nuestro conocimiento del lenguaje y mayor es nuestra capacidad para utilizarlo.

 

El problema no es, por tanto, que cumplamos a duras penas la función comunicativa del lenguaje, sino que utilizarlo peor nos embrutece. El problema no es que oponerse a que se emplee la lengua a patadas sea "poco progre".

 

El problema del hijo de la señora experta progre no es ya que no disfrutará de García-Márquez o Benedetti, sino que a duras penas comprenderá el periódico.

 

No es que el niño le vaya a salir poco culto o reaccionario, es que le va a salir a usted un nene gilipollas.

 

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